Mi papá no me dejaba trabajar

Como fue emigrar de Venezuela sin su aprobación.

Fui criada en un buen ambiente familiar, dos hermanos, papá y mamá, gozaba de buena salud, lo que quería casi siempre se cumplía. Desayuno, almuerzo y cena en la mesa siempre, todo los años vacaciones en la perla de Margarita, viajes a Europa y cruceros; hasta el 2013 gozaba de una vida muy normal de clase media alta. Me creía un espíritu libre, afortunado y capaz de hacer lo que quisiera, quería devorarme el mundo como fuera posible y enseñarles de lo que era capaz de hacer pero mi papá no me dejaba trabajar.

Desde joven me enseñaron mis padres, maestros y entre  otros familiares lo que era el trabajo duro. Me enseñaron lo gratificante que podría ser  tener dinero en mano y usarlo para el disfrute personal. A mí me parecía maravilloso poder lograr con tus manos y tu capacidad intelectual algo que te podría proporcionar estabilidad, eso era el trabajo y yo lo quería,  pero subestimaba lo inclinada que podría ser la cima y los tantos agujeros que estarían en mi camino para poder llegar a ese placer personal. Agarre un bolso, mis pinceles y pinturas, una carrera sin acabar y la esperanza de que volvería a Venezuela, pero no volví.

Emigrar ha sido lo más difícil que he hecho en mi vida, cruzar esa frontera imaginaría fue adrenalina y miedo corriendo por mis venas a cada segundo. Me fui porque ya no soportaba ver a las personas en las calles con miradas apagadas, parecíamos zombies con tanta tanta hambre. No hubo alerta, no hubo cuarentena y tampoco un  Brat Pitt buscando cura para salvarnos; las personas parecían costales de hueso y carne haciendo fila por las sobras de comida de un dictador que lamía de forma hipócrita nuestras heridas de sangre. Me fui porque no soportaba la humillación y la tristeza en los rostros de tantos merideños (ciudad de Mérida, Venezuela).

Mi padre, el hombre del que estoy completamente enamorada, aunque escribirlo cause celos a su guapa esposa, no aprobaba esta decisión y hasta el sol de hoy se que no la aprueba. Las llamadas que teníamos acerca de mi futuro cuando vivía en Colombia o Perú casi siempre terminaban en discusión, retomabamos el tema una y otra vez de que volviera, terminar los estudios y no trabajar en el extranjero sin ser una profesional. Pero yo sabía que ya no había vuelta atrás.

Vendedora ambulante de café y brownies, mesera, administradora secundaria, bartender, encargada de cocina, lavaplatos,etc...algunos de los trabajos que algun punto los senti poca cosa peroque erespeto hoy en dia demasiado y, que fueron por mucho, lo mejor que me pudo pasar al ser emigrante sin papeles y  sin profesión. Un camino que recorrí gracias a la ayuda de mi hermana y mi hermano que  sí estuve necesitada alguna vez estuvieron ahí para mí; no se los digo mucho pero los quiero y daría mi cuerpo y alma para ayudarlos. La familia no es perfecta pero que hermoso es tenerla y éste viaje me enseñó a valorarla.

Y a mi papá que está en Puerto Ordaz todavía trabajando, quiero que sepa que estoy bien y quiero que lo crea, quiero que sepa que estoy viviendo feliz a pesar de las adversidades. A veces lloro en las noches, a veces creo que esto es mentira, pero hay algo tan difícil de describir, algo que me impulsa a seguir, eso que no podemos ver que me hace valorar cada pequeño rayo de luz de la vida y eso es lo que me enseñaste TÚ PAPÁ a ser fuerte en la vida y nunca te voy a perdonar el haberme dado tanto mientras tú esperabas en los centros comerciales, en un banco sentado, con tantas  bolsas amarradas a tus brazos mientras lanzabas la frase: "no encontraste nada que te gustará, vamos a otra?.

Si eres inmigrante, será difícil, será muy díficil no tienes idea de cuánto hasta que lo vives pero al final valdrá la pena, por qué será la enseñanza más grande que te hará la vida, no serás el mismo después... los emigrantes tienen a veces la expresión "con orgullo, yo puedo solo vale" y en realidad es la frase de "nunca pensé que esto me pasaría a mí".

Comentarios

Entradas populares